Archivo de diciembre de 2015

La salud psicológica del niño debería de ser lo más importante para los padres durante una separación. Bastante duro es para un niño de corta edad entender que su familia se ha roto para encima tener que escuchar reproches mutuos o que su padre, su madre o ambos critiquen al otro en su presencia.

Este tipo de situaciones pueden dañar la salud psicológica del menor, que puede volverse retraído, comenzar a mostrar problemas de comportamiento o incluso caer en una depresión infantil.

Por desgracia, demasiado a menudo tendemos a no considerar que los niños puedan sufrir este tipo de problemas, o a obviarlos utilizándolos como un arma arrojadiza para hacer daño a la otra parte durante la separación.

La mediación contribuye a evitar problemas

Incluso con las mejores de las voluntades, en las separaciones se ponen en juego muchos sentimientos y salen a la luz reproches guardados quizás durante muchos años. Por eso es difícil poder juzgar con objetividad lo que está ocurriendo.

Ser conscientes de que esto ocurre es ya muy importante, porque permite poner remedio a la situación antes de que el niño pueda resultar dañado por los rencores existentes entre los adultos, que les impiden tomar decisiones sobre su vida que deberían de ser consensuadas y respetadas por todos.

Para esto es fundamental la intervención de alguien totalmente neutral y especializado en la resolución de este tipo de conflictos. La Mediación Familiar en conflictos de pareja es cada vez más habitual porque permite que una persona ajena al problema y que no tienen intereses con ninguna de las partes, pueda ayudar a que se llegue a acuerdos de todo tipo, especialmente en lo que se refiere al tema de los hijos.

Unas pautas comunes en la educación del menor

Es fundamental llegar a unos acuerdos de base sobre la educación del menor. Pero también sobre los valores que se le van a inculcar al niño y sobre la manera en que ambos padres se van a comportar ante el pequeño o pequeños.

La labor del mediador familiar es muy importante y es habitual que ambas partes se muestren más razonables ante una persona que es totalmente neutral y que puede ayudarlos a encontrar los puntos en común y trabajar a partir de los mismos.

Una separación amistosa o al menos dentro de unas pautas civilizadas contribuirá a que el menor sufra menos con la nueva situación y se eviten traumas y problemas.